viernes, 12 de junio de 2015

Tres puntos buenos




Mi debut en el colegio fue con lloriqueo, pataleta y escándalo incluido.  Una jornada para el olvido y de decepción para mis padres. Es que nunca los inicios fueron fáciles en ningún departamento de la vida y menos en el fútbol y jugando de local.
Es por eso que, desde esa perspectiva, se entiende -en parte- el nerviosismo de la “Roja” ante un Ecuador que ratificó su arrugue en estos pastos. Lo cierto es que Chile ganó jugando reguleque,  pero ganó. Otras veces el juego es perfecto y se pierde. Sin título alguno en nuestras vitrinas, curiosamente siempre nos hemos permitido exigirle a la Selección que gane, guste y golee. El triunfo hay que celebrarlo de igual forma, porque tres puntos son tres puntos y anoche el travesaño, el penal trucho y las más bonita bailó con nosotros.
Las señales son claras a corregir si Claudio Bravo es la figura del primer tiempo y el mismo parcial termina sin goles. El ingreso de Eduardo Vargas no pudo ser más acertado y su recuentro con una camiseta que no le desentona a pesar de sus magras campañas en clubes extranjeros. El ataque criollo no puede seguir prescindiendo de un killer de área y de un ayudante de labores para Alexis Sánchez. El de Renca no le falla a Jorge Sampaoli.
Asimismo, se espera que los motores del equipo, Charles Aránguiz, Marcelo Díaz y Jorge Valdivia levanten su nivel de cara a los próximos confrontes. Precisamente,  el adiestrador casildense ofreció en este torneo más posesión y control del balón, respecto a ese esquema asfixiante y vertical que hizo pasar zozobras a selecciones de la talla de España, Alemania y Brasil. El trasandino ha ido entendiendo con las caídas que si se tapa la cabeza no puede destaparse los pies y viceversa.
Los próximos desafíos tampoco serán coser y cantar, puesto que a los mexicanos hay que ganarles bien ganados, aun con un combinado de emergencia. Acuérdese de que en la Copa América 2011 nos hicieron pasar harto susto, y los bolivianos que siempre se juegan la vida ante Chile, usted ya sabe por qué. Por ahora tres puntos buenos.

miércoles, 10 de junio de 2015

Sólo le pido a Dios



A horas del inicio de la Copa América, me siento ansioso como el niño que espera Navidad, y también preocupado como el adulto ante sus problemas.
¿Qué quiere que le diga? Es que no me gusta mucho este Chile post Mundial de Brasil, con un Jorge Sampaoli mustio, abúlico y  atrapado por sus espectros mentales. El casildense perdió tiempo de oro en darse cuenta de que había jugadores que no estaban para el debut frente a Ecuador. Una vuelta larga que probablemente terminará con David Pizarro y Mauricio Pinilla entre los estelares. ¿Y el recambio?
Más encima, en el último ensayo ante El Salvador quedó la tendalada entre Marcelo Díaz y Alexis Sánchez.  Este último a su vez prendió el ventilador y  le dio su parte también al silente público de Rancagua.
Convengamos en que el romance entre la hinchada y el equipo de todos tampoco está en su momento más álgido. No se respira el triunfalismo típico del  dueño de casa. La cautela y la incertidumbre del hincha se refuerzan a diario con el bombardeo mediático y la exacerbación a las figuras foráneas.
Tal como dijo el escritor argentino Eduardo Sacheri -en su último paso por Chile-, la Copa América podría estar más cerca que nunca para la “Roja”, pero también podríamos agregar que no haberla ganado la hace estar más lejos.
Este no es el caso de Uruguay y de la familia Forlán, donde el abuelo, el padre y el hijo la ganaron. ¡Qué le vamos a hacer! Los charrúas nacen con esa hambre de triunfo y tienen clarito que en la vida se da resultado o se dan excusas. ¿Alguna duda con 15 copas ganadas y liderando la tabla de posiciones en la región?
¿Y nosotros tenemos equipo para alcanzar este esquivo cetro? Sí, tenemos equipo. ¿Y podemos ganar la Copa América? Sí, podemos ganar la Copa América. Ahora la pregunta filosófica es: ¿cómo lo hacemos? Cómo no desinflarnos en una eventual definición frente a colombianos, uruguayos, argentinos y brasileños. Acuérdese de que la “Roja” en 1991, llegó con el envión del Colo-Colo campeón de la Copa Libertadores de América y superó la primera fase sin grandes sobresaltos en el grupo que, además componían Venezuela, Perú, Paraguay y Argentina. En el cuadrangular final y en similitud de condiciones que sus rivales, el rendimiento decreció paulatinamente con un empate a un gol con Colombia, un fluvial cero a cero frente a Argentina y una triste y dolorosa derrota frente a Brasil por dos a cero que le otorgó el cuarto lugar. ¿Había equipo? Sí, había equipo. Ni modo con el “Pato” Yáñez, Iván Zamorano, Hugo Rubio, Patricio Toledo, Fabián Estay y otros. ¿Se podía ser campeón? Sí, se podía ser campeón. ¿Qué pasó? ¿Qué nos faltó? ¿Creernos el cuento? En el inicio de la Copa América 2015, sólo le pido a Dios que el triunfo no me sea indiferente.