lunes, 1 de octubre de 2018

Marcelo Díaz habla en la cancha


Los argentinos saben de fútbol y no tienen empacho en reconocer a los buenos jugadores. Por eso no extraña lo poco que se demoró la prensa trasandina en tasar la impronta de Marcelo Díaz y la hinchada de Racing en corear el “shileno, shileno, shileno”. 
La cadena TyC Sports analizó el fin de semana con telescopio las virtudes del volante: “Entró con el pie derecho el chileno Marcelo Díaz, ocupando el lugar de Nery Domínguez y haciendo lo que mejor sabe: organizar el juego desde atrás. Es un cinco de juego, pero defensivo. Cuando decimos de juego es porque tiene una gran capacidad organizativa. Él saca la pelota para un lado, para el otro. Elige cuándo jugar corto, cuándo jugar largo, cuándo jugar hacia los costados, cuándo jugar más profundo, saltando líneas y lo hace muy muy bien. No erra un solo pase”. 
En Radio Continental no escatimaron en elogios para el “Care Pato” y ya lo distinguen como el mejor refuerzo del balompié argentino.
A su vez, el diario deportivo Olé publicó: “El chileno comienza con la construcción del juego por el centro. El toque corto a los zagueros centrales es una tarea que cualquier volante central estaría en condiciones de asumir, pero la virtud de Díaz es saber cuándo avanzar y hacia dónde orientar el ataque”.  
¿Y cómo andamos por casa? Acá tenemos muy pocos analistas de fútbol y poseemos una memoria muy peculiar, que curiosamente tiene tendencia a recordar solamente los yerros de nuestros ídolos. Si no me cree, pregúntele a Manuel Plaza, Martín Vargas, Roberto Rojas, Eliseo Salazar, Marcelo Ríos y Natalia Duco, entre otros. Si hasta mi papá una vez le gritó en la calle a Carlos Caszely: “¡Güena chinito, a usted se le fue el penal el ‘82!”. 
Casi como un cuento de Horacio Quiroga, el “Care Pato” un día también cayó​ en desgracia y equivocó su pase preciso y pulcro ante Alemania en la final de la Copa Confederaciones y cometió una mano que derivó en el gol de penal de Bolivia en La Paz en las clasificatorias mundialistas. Pidió perdón por el error ante Alemania en una emotiva carta, pero de igual forma recibió el escarnio criollo. Ese solapado que siempre está al acecho para atacar.
Pizzi, a modo de castigo, lo sacó de la “Roja” en la última fecha doble clasificatoria ante Ecuador y Brasil. Chile quedó eliminado y su ausencia se notó. El “Chelo” prometería trabajar duro y corregir para volver. Lo hizo sin aspavientos, como es su estilo y ahora está aquí al ladito de la cordillera, profesor Rueda. Marcelo Díaz habla en la cancha.

viernes, 17 de agosto de 2018

El mejor que vi



Mi infancia la caminé por el Chile gris y decadente de los ochenta. Días en que sentía el escalofrío que produce el miedo y donde la anestesia televisiva invitaba a reír cuando todos estuviesen tristes.
Mis ojos de niño fueron testigos presenciales de algunos sucesos como las protestas, la visita del Papa Juan Pablo II, el paro nacional de trabajadores y obreros de Ferrocarriles del Estado y el proceso eleccionario de 1989 que puso fin a la dictadura de Augusto Pinochet.
Entre tantas sombras, el fútbol le entregaba algunas pizcas de alegría al pueblo con una figura que descollaba en el pórtico de Colo-Colo y la Selección Chilena: Roberto Antonio Rojas Salinas, el “Cóndor”.
Este guardavallas marcó una época y sigue estando en mi mente con la tapada a José Velásquez en Lima por las eliminatorias de 1985 o con la muralla que le puso a Müller en el Brasil 0 - Chile 4 de la Copa América ‘87. Tampoco se me olvida la atajada a Ricardo Toro de Palestino en la final del Campeonato Nacional de 1986. Asimismo, el partido en Wembley en 1989, cuando los ingleses no pudieron con nuestra táctica del murciélago. Y cómo no volver a estremecerse con el tiro de Branco y la contorsión felina en aquella fatídica tarde del Maracanazo, el partido en que la conciencia y los espectros de Rojas le dijeron que había que ganar de cualquier forma.
Muchos dicen que el portero truncó a una generación, pero esta camada no tuvo los argumentos futbolísticos para ir al Mundial de México 1986 (Rojas, Hisis, Vera, Aravena, Yáñez y Puebla), cayendo con Paraguay en el repechaje, ni para ganar la Copa América organizada en Chile en 1991 (Pizarro, Rubio, Yáñez, Zamorano). Quizás con Rojas en el Milan o el Real Madrid llegábamos a Estados Unidos ‘94. Además, Fernando Astengo pasaba por un momento estelar en el Gremio y en los años posteriores vino la irrupción de Iván Zamorano en España y el Colo-Colo que alzó la Copa Libertadores de 1991. Quién sabe si se hubiera clasificado con todos estos elementos en su máxima algidez.
El “Cóndor” se equivocó adentro de una cancha de fútbol y pagó. Sin embargo, en Chile recibió la condena más perpetua de todas, porque en esta sociedad moralista los errores nunca se terminan de saldar. Aunque el indulto de la FIFA en 2001 fue un alivio moral a sus 42 años, no fue suficiente para recuperar al gran y extraordinario deportista.
Igualmente, en la despedida de Zamorano, el 23 de diciembre de 2003, recibió los aplausos compensatorios del Estadio Nacional. “Me llama Iván (Zamorano) un día antes y me dice: ‘Espero que juegues en mi despedida’. ‘¿Cómo?, le digo. ‘No traje zapatos’. ‘No te preocupes’, me dijo, ‘tienes que jugar’. Cuando entré a la cancha fue una cosa bonita… sentir los aplausos. Es el reconocimiento de lo que uno hizo dentro y fuera de la cancha. El pueblo chileno es solidario, porque el único perjudicado de toda la historia fui yo”. Para algunos fue un héroe, para otros un villano. Para mí, el mejor que vi.

Un tigre al acecho de hacer historia en el mundo del boxeo



Por Jaime Estrada vidaboxeo@cox.net

He comentado en otras ocasiones que no siempre el talento es suficiente para dar el salto del tigre al siguiente nivel, y estoy hablando en términos generales en todas las actividades, ya seas artista o deportista porque por muy tigre que te pinten los que saben de tu capacidad para despedazar a la competencia, si no hacen la imagen de cada cual comercial es difícil avanzar, pero claro, hay muchos pugilistas que nacen con la destreza nata pero viven estrellados y por ironía de la vida no avanzan en sus metas, no porque no quieran porque a las pruebas se remiten, pero si no tienen los medios de abrirse cancha en el lente de los aficionados de hueso colorado o en su defecto no encuentran la llave de las puertas que los pueden poner en una posición de privilegio  hay frustración y eso es un mal negocio para el celoso deporte del boxeo.
Pero olvidémonos de cosas tristes y hablemos de los que suben al ring y acaban la faena en menos que canta un gallo y  hablo de los que nacen con estrella para abrir brecha y que el mundo al pendiente les ponga una almohadita en su avance sin tregua a base de un talento sin igual, así que ahí les va el corrido de Joseph Landeros que tiene palmares de 13 victorias todas por la via de Morfeo (dios del sueño) y como decía Raúl Velazco en el programa Siempre en Domingo: “Aún Hay Mas”
“El Tigre” como lo bautizaron en el ring es de Riverside y simplemente arrasó con diente filoso todo el que le pusieron enfrente en Tijuana, Rosarito, Culiacán, Aguascalientes, Chihuahua y como el buen gallo (que es su campo de batalla) alega que en cualquier plaza que lo planten va a poner su firma a guantada limpia. Apenas es un chamaco de 17 años estudiante honorifico en la secundaria King de Riverside y se involucra en muchas causas justas en bien de la comunidad, pero no se confía en su habilidad para nada y cada combate lo toma como experiencia para cuando lleguen las peleas de más impacto. Ya están en pláticas para su debut ante la gente que más le echa porras en California y será el festejo de sus 18 años que es la edad que dejan pelear profesional legalmente en este país, (en México desde los 14 ya se pueden subir al ring de paga).
El lema de Joseph siempre será Si Se Puede, no solo en el oficio de guerrero a prueba de fuego sino en todas las facetas de la vida, y una de sus motivaciones es la pared de su casa con trofeos y medallas de oro durante su faena amateur, y es un muchacho disciplinado en el entrenamiento, aplicado en la escuela y astuto en las redes sociales para acumular más auge a su persona y todavía de pilón a su currículo se le ha contratado para comentarista de boxeo, en fin, no hay palabras para definir tanto talento en una persona en la flor de su juventud y su gran logro en aficionado ganar medalla de Plata en los Juegos Olímpicos 2015, y estar clasificado como los mejores gallos a nivel mundial.  La gente de Las Vegas quizá tenga la oportunidad de conocerlo porque se está negociando una mesa de firma de autógrafos antes del concierto donde la estelar será Bridget González el 4 de agosto en el Community College de North Las Vegas de las 5:00 pm a las 5:30.

lunes, 18 de junio de 2018

Remembranzas mundialeras



Para el Mundial de Argentina ‘78 tenía un poco más de un año y no me acuerdo de nada. A mis cinco años, el Naranjito de España ’82 acaparó toda mi atención y también la canción de Don Elías: “Y vamos Chile que hay que ganar, en esta copa sensacional”. Ese mismo año, un día nublado de abril le pregunté a mi mamá, porqué iba un camión cargado de hombres como si se tratara de transporte de ganado.  
Una fuerte gripe en junio de 1986, me permitió ver desde la cama todo el Mundial de México y así cada una de las piruetas de Diego Armando Maradona. Lamentablemente, el “Mortero” Aravena que era mi ídolo, no pudo asistir a esa cita del balompié, pero ese gol imposible que dejó calladitos a los uruguayos en el Estadio Nacional para mí siempre ha valido un Mundial.
Me gastaba toda la mesada en el álbum y en las láminas del México ‘86. También me compraba todos los chicles y dulces donde salían las caricaturas de los cracks.
Asimismo, la Coca-Cola sacó el álbum de la Copa del Mundo de Italia 1990 y no recuerdo haber tomado tanto de ese brebaje como lo hice ese año. Había que juntar tres tapas y unas cuantas monedas para conseguir las anheladas figuritas. El dueño del boliche del barrio también cambiaba y vendía láminas sueltas.
En una cancha de cholguán de esas de los taca-taca, poníamos con mis amigos las láminas repetidas y hacíamos nuestros propios partidos internacionales. Me acuerdo que con los cabros del pasaje organizamos la Copa “Naranja” que  enfrentó a los “monitos” de Cobreloa campeón de Chile contra Holanda campeón de Europa 1988.
Para darle ambiente de estadio, colocábamos unas lámparas de velador en cada esquina y picábamos unos boletos de micro para tirarlos al aire cuando los equipos ingresaran a la cancha.
Una vez adentro del campo de juego, ya no era simples papelitos impresos con la cara de los futbolistas sino veintidós guerreros que peleaban a muerte cada balón en disputa.
Me estremecía ver a Armando Alarcón marcando con pierna fuerte a Marco Van Basten o a Juanito Covarrubias y al “Diablo” González bombardeándole el rancho al arquero Hans Van Breukelen. Hugo Tabilo y Claudio Tello le ganaron todos los cabezazos a Ruud Gullit y Marcelo Trobianni tenía vueltos locos a Frank Rijkaard y Ronald Koeman. Los partidos no tenían tiempo reglamentario y finalizaban cuando nos aburríamos o a veces continuaban los continuábamos día siguiente o toda la semana.  Creo que este nunca terminó, porque todavía lo sigo jugando en mi mente con el marcador en blanco y a la espera de que se abra la cuenta.

martes, 24 de abril de 2018

Ustedes se las ganaron


Un día cualquiera de 2010, un argentino en Buenos Aires me dijo: "chileno tú no sabes lo que es levantarse como Campeón de América o del Mundo. Si te lo explico, no me lo vas a entender, che". Me reí de sus palabras al principio, pero después cuando las procesé, me achacaron. 
Es que hasta ese momento con Bielsa incluido, no habíamos ganado nada. Bueno, cinco años después de esa conversación, lo supe, lo entendí y pucha que lo celebré. 
Asimismo, el 28 de agosto de 2016, me sorprendí gratamente con el triunfo de la Selección Chilena de Fútbol Femenina por 1 a 0 –en el amistoso- ante Uruguay en el Estadio Nacional. 
Había poca gente en el estadio y uno que otro medio. Como siempre el Tito Gatica y los cabros de la radio "Pasión de Hincha". 
Parecía más bien una reunión familiar con los gritos de la tía, la mamá y la abuelita. 
Ese partido me quedó dando vueltas por mucho tiempo, sobre todo por la excelente forma física y por la técnica depurada que desplegaron las jugadoras criollas en el gramado de Ñuñoa. Pues erradamente, me había quedado con la imagen del insípido juego exhibido en el Mundial sub 20 de 2008.
Claramente, no es el mismo equipo que clasificó al próximo Mundial, pero de esa alineación se repitieron en este campeonato los nombres de Carla Guerrero y Camila Sáez. Es decir la filosofía futbolística del técnico José Letelier perduró en el tiempo. Recuerde usted que el ex portero de Colo-Colo, venía precedido de la obtención de la Copa Libertadores Femenina 2012  dirigiendo a las albas.
Ha pasado más de un año y medio de aquel encuentro,  y si me hubieran dicho en esas galerías vacías que las chilenas le iban a ganar 4 a 0 a Argentina en la Copa América 2018 y que iban a clasificar al Mundial en un partido televisado, no lo hubiera creído. 
¿Qué es esto entonces? Esto es trabajo señoras y señoras. Esto es creer en una misma, cuando nadie cree en tus posibilidades. Esto es torcerle la mano al destino y conseguir el objetivo que te propusiste a pesar de los típicos reveses y contratiempos con los que deben lidiar los deportistas en Chile. 
Las portadas de los diarios fueron las más merecidas del último tiempo, porque cuesta tanto que le den unos minutos al deporte femenino en los medios. Nadie se las regaló chiquillas lindas, ustedes se las ganaron. Así como los pasajes al Mundial de Francia 2019 y el medio boleto a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.